El eureka para alumnos retrasados

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El eureka para alumnos retrasados

Mensaje  LucaS el Dom 13 Dic 2009, 08:18

Un proyecto de la Universidad de Granada integra a casi todos los
alumnos gitanos y da un giro radical a las aulas de compensación en
Secundaria





FERNANDO VALVERDE - Granada - 13/12/2009

En los centros de Secundaria existen unos grupos llamados de
compensatoria. Son las aulas a las que van los alumnos con más
problemas curriculares y de convivencia. Estos grupos, ideados en los
años sesenta en Estados Unidos con el propósito "dar más al que menos
tiene", como explica Marcelo Carmona, catedrático de Psicología de la
Universidad de Granada, en muchos casos se han convertido en una forma
de "dar más de lo mismo de lo que ya los ha hecho fracasar".
Los grupos de compensatoria son un lugar al que llegan ya
desahuciados alumnos que generalmente provienen de un contexto
sociocultural muy bajo. Son como una caja del tiempo, una lenta y
agónica espera hasta que termina la educación obligatoria para que cada
uno pueda iniciar sus ocupaciones. Prueba de ello es que el grado de
abandono escolar supera el 80% y los expedientes disciplinarios se
multiplican.Un proyecto de la Universidad de Granada, dirigido
por la catedrática de Ciencias de la Educación, Leonor Buendía, ha
logrado dar la vuelta a las frías estadísticas de forma demoledora.
"Cuando el equipo de Leonor llegó al instituto el índice de fracaso
escolar en los grupos de compensatoria rondaba el 90%. Tras dos años de
trabajo, la cifra es exactamente la contraria, nueve de cada 10 jóvenes
superan estos grupos y se incorporan a la Educación Secundaria junto a
sus compañeros tras haber aprobado por méritos propios primero y
segundo de la ESO", explica Benito López, director del Instituto Monte
de los Infantes de Pinos Puente, un centro conflictivo lleno de cámaras
y que ha recurrido a la seguridad privada. "Tuvimos que pedir ayuda a
la delegación. Necesitábamos orientación", señala el director, que
considera el resultado del proyecto como "excelente"."Lo primero
que nos sorprendió al llegar al centro fue que la totalidad de los
alumnos que formaban parte de este grupo de compensatoria eran gitanos.
El problema traspasaba los límites educativos", explica Leonor Buendía.
"Eran jóvenes que tenían costumbres distintas, que no comprendían las
normas, que necesitaban mucho más apoyo y una mayor implicación". Junto
a la argentina Sonia Cristina Iguacel y a María José Olmo, que era la
profesora del grupo, dio forma a un proyecto participativo que ha dado
unos resultados inimaginables en los primeros días."Primero
tuvieron que ganarse su confianza. Fueron dos profesoras en el aula,
atendiendo a la diversidad. Algunos días se invitaba a los padres y a
las familias de los chicos para que vieran la evolución que habían
tenido sus hijos, para que apreciaran lo que habían aprendido. Los
padres, que eran muy reacios al principio, rápidamente se implicaron y
se ilusionaron con el proyecto", recuerda entusiasmada.A estas
aulas de familia se sumó un sistema educativo que fue determinante. El
trabajo se hacía por grupos, la escuela dejaba de ser una competición.
"Si uno de ellos no llegaba a la meta todo el grupo fracasaba. Tuvieron
que apoyarse y motivarse los unos a los otros, ilusionarse y trabajar
duro para alcanzar objetivos".Buena muestra del resultado de
este trabajo son José Antonio Carmona y Manuel Bustamante, que a sus 15
años integran el privilegiado grupo de "lentos" que logran superar la
compensatoria. "Nos habían metido ahí y todos sabíamos que no íbamos a
tener el graduado nunca. No teníamos nivel", explican los jóvenes."Nos
explicaban todo con proyectores, estábamos más horas que el resto,
estaban muy encima de nosotros, si faltábamos hablaban con nuestros
padres, nos enseñaron a hablar en público...". Pese a su juventud, son
conscientes de que tienen una deuda con sus dos profesoras. "Queremos
hacer un módulo de chapa y pintura o de mantenimiento de vehículos, si
lo conseguimos será gracias a ellas". Ahora se sienten completamente
adaptados con sus compañeros. "Somos amigos de todo el mundo, es cierto
que vamos un poco retrasados en matemáticas y que nos cuesta más
trabajo, pero vamos a aprobar todo", explican ilusionados.Tras
comprobar el éxito de la iniciativa, la respuesta por parte de las
instituciones ha sido el silencio. Después de dos años de trabajo,
Iguacel desistió. Acudía cada día a Pinos Puente para dar varias horas
de clase junto a Olmo y nunca cobró ni un euro. Tampoco los directores
del proyecto, que trabajaron con las familias e invirtieron mucho
tiempo en la investigación. "Estos proyectos son voluntarios, las
instituciones no invierten en ellos. Es una lástima, porque lo que se
ha conseguido con esos jóvenes ha podido cambiarles la vida", explica
Marcelo Carmona. Mientras, las aulas están llenas de pantallas planas
de ordenador en un centro con problemas de convivencia al que muchos
jóvenes van a firmar su acta de defunción académica.
Fuente: http://www.elpais.com/espana/andalucia/

LucaS
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