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Pravia y bajo Nalón En Pravia pueden dormir a pierna suelta
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Pravia y bajo Nalón En Pravia pueden dormir a pierna suelta
Javier Santiago y Vladimir Hvan son dos de los serenos que patrullan
cada noche las calles de la villa l «Si vemos algo raro avisamos
a
la Guardia Civil, tenemos una relación excelente», afirman
Pravia,
V. DÍAZ PEÑAS
No son vigilantes de seguridad ni
tienen la autoridad de la Guardia Civil. Pero su trabajo permite que la
villa pueda dormir tranquila y que sus vecinos pasen las noches sin
sobresaltos. Son los serenos de Pravia, un servicio que se puso en
marcha a finales de 2009 y que cada vez goza de mayor confianza. Están
atentos a todo lo que sucede y conocen al dedillo cada una de las calles
de la capital del concejo. La noche es su hábitat y hacen las veces de
ojos del Ayuntamiento. Son, para muchos, los ángeles de la guarda
nocturnos. Tan pronto evitan un robo como acompañan a un vecino hasta la
farmacia de guardia. Son los buenos samaritanos de la oscuridad.
El
servicio de serenos de Pravia lo lleva a cabo la empresa de servicios y
mantenimientos Serlem. Iván Álvarez Álvarez es el coordinador de
servicios y explica que en la actualidad únicamente ofrecen este
servicio en la villa de los seis cuervos. «Ahora mismo sólo tenemos
serenos en Pravia, aunque hay otros ayuntamientos interesados en
nuestros servicios. No somos vigilantes ni podemos actuar como la
Guardia Civil. Pero ayudamos a los cuerpos de seguridad. Ellos abarcan
una zona muy amplia y nuestra ayuda suele ser muy útil. Cuando reciben
una llamada nuestra saben que no es una falsa alarma. Eso ayuda a
reducir los tiempos de actuación en caso de robo o incendio», comenta
Iván Álvarez.
Son las diez de la noche. En la calle el frío
entumece los huesos y el servicio de serenos de Pravia se dispone a
comenzar su servicio. Javier Santiago y Vladimir Hvan, al que apodan
amistosamente «Jon», son dos de los tres trabajadores que conforman el
grupo de personas encargadas de patrullar la noche praviana. Hoy, como
todos los días, tienen por delante más de ocho horas de trabajo. Tienen
que tener los ojos bien abiertos y se abrigan para no pasar frío. La
villa parece tranquila y comienza su jornada laboral. LA NUEVA ESPAÑA
acompaña a Javier y a Vladimir en su recorrido. La noche acaba de
empezar.
Los serenos de Pravia salen de la Casa de Cultura
preparados para una nueva noche de patrulla. En principio, realizan un
recorrido por la villa los dos juntos. Cada uno lleva un teléfono móvil
que los vecinos conocen. Desde que comenzaron a funcionar en Pravia,
colocaron sus números de contacto en varios puntos de la villa para
informar a los vecinos de este nuevo servicio.
Al principio la
gente no creía mucho en ellos. «Incluso hacían bromas llamándonos
serenos», explica Vladimir. Ahora, cada vez acuden más a ellos y los
vecinos agradecen el servicio que prestan. «Confían en nosotros»,
concreta Javier. Tras la primera ronda juntos, el equipo se separa. A lo
largo de la noche volverán a unirse otro par de veces para hacer más
llevadera la vigilia. Aunque no pasan miedo -dicen que Pravia parece una
villa tranquila- siempre es bueno un poco de compañía.
Durante
los casi tres meses que llevan trabajando como serenos en Pravia,
Vladimir y Javier han visto casi de todo. «Una vez un borracho nos
quería pegar. Otra vez vimos cómo quemaban un contenedor y en alguna que
otra ocasión hemos evitado algún robo con nuestra presencia. Al vernos,
los ladrones desistieron», comenta Javier mientras enfoca su linterna
al interior de unas obras.
«Si vemos algo raro avisamos a la
Guardia Civil, con la que tenemos una excelente relación. Hay veces que
somos sus ojos en la villa», asevera Vladimir.
Los serenos
caminan durante toda la noche por las calles de la villa. «Hemos
calculado que haremos unos 18 o 20 kilómetros al día», señalan. Cada
jornada rellenan un parte diario en el que incluyen todas las
deficiencias que han observado. Apuntan los bancos que están rotos, las
farolas que no funcionan, las papeleras en mal estado y todo lo que
hayan visto esa noche. Este parte se remite diariamente al Ayuntamiento,
quien finalmente le da salida. Además, los serenos vigilan los bienes
que no son del Consistorio. Si ven un coche con la ventanilla bajada,
avisan a la Guardia Civil para que se ponga en contacto con el
propietario. También revisan que las puertas de los edificios estén en
condiciones. «El otro día quitaron la cerradura en esta puerta», dice
Javier apuntando hacia la entrada de un bloque de viviendas de la calle
Agustín Bravo.
Desde que trabajan en Pravia, los serenos han
visto cómo se reducían los actos vandálicos en parques y calles de la
villa. También han visto cómo cada vez la gente les tiene más cariño y
utilizan sus servicios. «El otro día nos llamó una mujer que tenía que
ir a una zona algo alejada y oscura de la villa para que la
acompañásemos. También solemos ayudar a vecinos mayores que tienen que
salir a medianoche a buscar medicamentos a la farmacia de guardia. No
sólo velamos por evitar que pase algo, también intentamos que la gente
se sienta segura y acompañada. Saben que si les pasa algo nosotros
estamos con ellos. No están solos», explica Vladimir.
La noche
avanza y los serenos siguen con su trabajo. Si el viento hace estragos,
ellos se encargan de retirar ramas caídas y de levantar los contenedores
volcados. Seguirán ayudando a los vecinos en la medida que sea posible.
Como a aquella mujer que suele llegar en el último tren cargada con
bolsas a la que echan una mano para subir las escaleras de acceso a la
villa. Su linterna seguirá auscultando cada rincón de Pravia y
mantendrán los ojos bien abiertos para avisar a la Benemérita de
cualquier anomalía. Pero, sobre todo, su trabajo permitirá que los
pravianos descansen.
Y es que, ahora, los vecinos ya pueden
dormir a pierna suelta.
Fuente: http://www.lne.es/centro/
cada noche las calles de la villa l «Si vemos algo raro avisamos
a
la Guardia Civil, tenemos una relación excelente», afirman
Pravia,
V. DÍAZ PEÑAS
No son vigilantes de seguridad ni
tienen la autoridad de la Guardia Civil. Pero su trabajo permite que la
villa pueda dormir tranquila y que sus vecinos pasen las noches sin
sobresaltos. Son los serenos de Pravia, un servicio que se puso en
marcha a finales de 2009 y que cada vez goza de mayor confianza. Están
atentos a todo lo que sucede y conocen al dedillo cada una de las calles
de la capital del concejo. La noche es su hábitat y hacen las veces de
ojos del Ayuntamiento. Son, para muchos, los ángeles de la guarda
nocturnos. Tan pronto evitan un robo como acompañan a un vecino hasta la
farmacia de guardia. Son los buenos samaritanos de la oscuridad.
El
servicio de serenos de Pravia lo lleva a cabo la empresa de servicios y
mantenimientos Serlem. Iván Álvarez Álvarez es el coordinador de
servicios y explica que en la actualidad únicamente ofrecen este
servicio en la villa de los seis cuervos. «Ahora mismo sólo tenemos
serenos en Pravia, aunque hay otros ayuntamientos interesados en
nuestros servicios. No somos vigilantes ni podemos actuar como la
Guardia Civil. Pero ayudamos a los cuerpos de seguridad. Ellos abarcan
una zona muy amplia y nuestra ayuda suele ser muy útil. Cuando reciben
una llamada nuestra saben que no es una falsa alarma. Eso ayuda a
reducir los tiempos de actuación en caso de robo o incendio», comenta
Iván Álvarez.
Son las diez de la noche. En la calle el frío
entumece los huesos y el servicio de serenos de Pravia se dispone a
comenzar su servicio. Javier Santiago y Vladimir Hvan, al que apodan
amistosamente «Jon», son dos de los tres trabajadores que conforman el
grupo de personas encargadas de patrullar la noche praviana. Hoy, como
todos los días, tienen por delante más de ocho horas de trabajo. Tienen
que tener los ojos bien abiertos y se abrigan para no pasar frío. La
villa parece tranquila y comienza su jornada laboral. LA NUEVA ESPAÑA
acompaña a Javier y a Vladimir en su recorrido. La noche acaba de
empezar.
Los serenos de Pravia salen de la Casa de Cultura
preparados para una nueva noche de patrulla. En principio, realizan un
recorrido por la villa los dos juntos. Cada uno lleva un teléfono móvil
que los vecinos conocen. Desde que comenzaron a funcionar en Pravia,
colocaron sus números de contacto en varios puntos de la villa para
informar a los vecinos de este nuevo servicio.
Al principio la
gente no creía mucho en ellos. «Incluso hacían bromas llamándonos
serenos», explica Vladimir. Ahora, cada vez acuden más a ellos y los
vecinos agradecen el servicio que prestan. «Confían en nosotros»,
concreta Javier. Tras la primera ronda juntos, el equipo se separa. A lo
largo de la noche volverán a unirse otro par de veces para hacer más
llevadera la vigilia. Aunque no pasan miedo -dicen que Pravia parece una
villa tranquila- siempre es bueno un poco de compañía.
Durante
los casi tres meses que llevan trabajando como serenos en Pravia,
Vladimir y Javier han visto casi de todo. «Una vez un borracho nos
quería pegar. Otra vez vimos cómo quemaban un contenedor y en alguna que
otra ocasión hemos evitado algún robo con nuestra presencia. Al vernos,
los ladrones desistieron», comenta Javier mientras enfoca su linterna
al interior de unas obras.
«Si vemos algo raro avisamos a la
Guardia Civil, con la que tenemos una excelente relación. Hay veces que
somos sus ojos en la villa», asevera Vladimir.
Los serenos
caminan durante toda la noche por las calles de la villa. «Hemos
calculado que haremos unos 18 o 20 kilómetros al día», señalan. Cada
jornada rellenan un parte diario en el que incluyen todas las
deficiencias que han observado. Apuntan los bancos que están rotos, las
farolas que no funcionan, las papeleras en mal estado y todo lo que
hayan visto esa noche. Este parte se remite diariamente al Ayuntamiento,
quien finalmente le da salida. Además, los serenos vigilan los bienes
que no son del Consistorio. Si ven un coche con la ventanilla bajada,
avisan a la Guardia Civil para que se ponga en contacto con el
propietario. También revisan que las puertas de los edificios estén en
condiciones. «El otro día quitaron la cerradura en esta puerta», dice
Javier apuntando hacia la entrada de un bloque de viviendas de la calle
Agustín Bravo.
Desde que trabajan en Pravia, los serenos han
visto cómo se reducían los actos vandálicos en parques y calles de la
villa. También han visto cómo cada vez la gente les tiene más cariño y
utilizan sus servicios. «El otro día nos llamó una mujer que tenía que
ir a una zona algo alejada y oscura de la villa para que la
acompañásemos. También solemos ayudar a vecinos mayores que tienen que
salir a medianoche a buscar medicamentos a la farmacia de guardia. No
sólo velamos por evitar que pase algo, también intentamos que la gente
se sienta segura y acompañada. Saben que si les pasa algo nosotros
estamos con ellos. No están solos», explica Vladimir.
La noche
avanza y los serenos siguen con su trabajo. Si el viento hace estragos,
ellos se encargan de retirar ramas caídas y de levantar los contenedores
volcados. Seguirán ayudando a los vecinos en la medida que sea posible.
Como a aquella mujer que suele llegar en el último tren cargada con
bolsas a la que echan una mano para subir las escaleras de acceso a la
villa. Su linterna seguirá auscultando cada rincón de Pravia y
mantendrán los ojos bien abiertos para avisar a la Benemérita de
cualquier anomalía. Pero, sobre todo, su trabajo permitirá que los
pravianos descansen.
Y es que, ahora, los vecinos ya pueden
dormir a pierna suelta.
Fuente: http://www.lne.es/centro/

LucaS- EXPULSADO
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