El miedo, un vecino que alimenta el negocio de la seguridad privada

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El miedo, un vecino que alimenta el negocio de la seguridad privada

Mensaje  LucaS el Lun 22 Mar 2010, 10:48

Durante una semana, Clarín recorrió barrios cerrados
afectados por la inseguridad y compartió vivencias con sus habitantes,
que ponen más alarmas y planean reforzar las guardias. Ayer, otro robo.












Pablo Calvo.


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var desh = unescape(hexa);
document.write('[url=http://seguridadprivada.foroes.net/\"mailto:']' + desh + '[/url]
');
pcalvo@clarin.com









Luis Chavanne esquiva el
botellazo, pero sabe que entró en zona de peligro. El viaje entre el
barrio cerrado Altamira y su trabajo en Capital siempre lo inquieta,
sobre todo en ese tramo. Va por el Camino de los Remeros, Tigre,
bordeando el canal aliviador. De repente, vuela un cascotazo, que lo
obliga a acelerar. Avanza unos metros, pero el semáforo lo detiene. Luis
frena detrás de una camioneta 4 x 4, manejada por una chica. Un
ciclista se le arrima, saca una pistola, golpea la ventanilla con la
punta. Ella no lo puede creer. Tampoco Luis, que ve todo desde atrás. Es
el segundo en el que todo puede pasar...

-Dame todo, hija de
puta

Y la chica alcanzó a volantear a la derecha, se agachó,
escapó. Ahora le toca perder a Luis, pero el ladrón está helado. No
pensaba que la chica iba a escapar. El desconcierto le dio tiempo a Luis
para abrirse del camino y seguir.

Pensó en su criatura recién
nacida. Al llegar a la computadora, mandó un mail a todos sus vecinos:
"Estén atentos, ustedes y sus familias, que usan este camino todo el
tiempo cuando llevan a sus chicos al colegio o cuando van a trabajar.
Miren por los espejos y, cuando esperan la luz verde, tomen distancia
con el de adelante, para tener margen para doblar antes de que se les
acerque alguien. Avisen a sus familias y a sus amigos". Su temor estaba
justificado: nueve countries fueron asaltados este mes, con violencia
inusitada en algunos casos.

El mail de Luis circuló por todos los
countries de la zona. Los vecinos se lo agradecían, las autoridades se
enteraron y llamaron a una reunión. Enseguida, una cuadrilla desarmó
unos montículos de tierra que servían de guarida, al costado del camino.
Y se puso una cámara de video, para disuadir ataques.



El
remís de Clarín va en busca de más historias, pero un patrullero
privado se le pone al costado, de manera intimidatoria. Por el otro
costado, dos agentes de camisa blanca interrogan:

-¿Quiénes son
ustedes? Está prohibido sacar fotos acá.

-¿Cómo prohibido, si no
ingresamos al country?

-Tienen que ir de aquella reja hacia
afuera, ya mismo.

Una vecina, que lleva una nena en el asiento
trasero, también está inquieta:

-¿De qué medio son, por qué están
sacando fotos?

La respuesta parece conformarla:

-Ah,
bueno, saquen las fotos que quieran.

En la zona de ingreso a Los
Lagartos Country Club, donde Carlos Menem jugaba al golf, los nervios
están de punta. Los recientes robos tienen enojados a los guardias.



Un
lector biométrico de huellas digitales es el que abre la barrera para
entrar al barrio Loma Verde, de Escobar. "Ingreso correcto", le dice a
los socios. "Intente de nuevo", le dice a la fotógrafa del diario,
porque no está autorizada. Las visitas deben mostrar documento y baúl.
Otros countries exigen seguro contra terceros al día, quizás porque
ellos no lo tengan.

En zapatillas va y viene Carlos Bonelli, un
hombre que vive en el aire. Con su avión Cessna, sobrevuela playas,
bikinis y lobos marinos. Es piloto y hace publicidad desde el cielo, con
carteles que lo persiguen en cada viaje. Se olvida de los problemas
terrenales cuando despega cerca de los acantilados de Mar del Plata y
enfila hacia el parque Camet. Eso que está allá es un submarino,
aquellos puntos naranjas, barcos de pescadores. Todo es curioso mientras
Carlos vuela. Sólo que en algún momento aterriza.

Hace dos
semanas, se escuchó en Loma Verde la sirena de pánico. Carlos tiene allí
su casa, sus rosales y un cráter donde, antes que vuelva el verano,
habrá una pileta.

-Soy consciente de lo que pasa, pero me
resisto a poner una sola reja, no quiero ser prisionero- le dice a
Clarín, mientras supervisa carretillas con arena y cal.

Su barrio
está rodeado de concertinas, barricadas circulares de acero con
cuchillas parecidas a las hojas de afeitar. Cámaras de seguridad y
cables sensores controlan el perímetro y los vigiladores cuidan la
entrada como perros bulldog. Un panorama bien estudiado por los
ladrones, que el lunes 8 llevaron tenazas y dejaron un buraco en el
alambrado. Probaron entrar en una casa, no pudieron. Se metieron en
otra, manotearon una notebook, un celular y salieron corriendo. Los
dueños dormían en la planta alta, por suerte, porque los ladrones
pensaban atarlos de pies y manos: en la huida se olvidaron una mochila
con precintos y barretas.

Carlos se resiste a ser contagiado por
el pánico:

-Es lindo vivir acá, conversar en la vereda como
ahora, sin tener que mirar para todos lados, Hay que tomar precauciones y
actualizar las medidas de protección, pero, fijate, yo todavía dejo la
camioneta con la llave puesta.

Lo constata Luis Szurpik, el
administrador, que pasa por la esquina y se arrima a la conversación.
Entre los dos sacan la cuenta: la seguridad es el componente más alto de
las expensas, representa el 50 por ciento de sumas que van de los 1.000
a los 2.000 pesos.

-Hace 15 años me pusieron tres pistolas 9
milímetros en la cabeza, querían los sueldos, tenían el dato, menos mal
que el camión de Juncadella se retrasó un día. Hace dos años hubo otra
seguidilla de episodios y algunos vecinos decidieron mudarse. Ahora
ocurrió esto, pero tanto la parte humana como la tecnológica
funcionaron: los intrusos fueron detectados y perseguidos, hay que
confiar y apostar a eso- explica Luis.

Carlos vivía en el barrio
de Belgrano, donde se producían robos a diario. Por eso decidió mudarse a
este lugar de eucaliptos y ligustros, donde sólo se puede ir con el
auto a 20 kilómetros por hora.

-El día que pierda la confianza y
sienta ese terror -dice para despedirse-, no me voy a otro country, me
voy del país.



-¿Qué pasa si un día le cortan el dedo a
alguien autorizado para poder burlar al lector de huellas?-preguntó
Clarín a un especialista en tecnología de seguridad.

-No hay que
dar malas ideas, los delincuentes pueden estar atentos. Además, hay
crímenes que sólo ocurren en las novelas, como en Las Viudas de los
Jueves.

La referencia literaria despertó otra inquietud: ¿cómo
estará Claudia Piñeiro -autora de ese libro elogiado por José Saramago y
protagonizado en el cine por Pablo Echarri- ante esta ola de robos? La
llamamos:

-Mirá, en el barrio donde yo vivo no se dieron hechos
graves, pero por primera vez en 15 años puse alarma. Tengo tres chicos,
voy de acá para allá. En fin, tomé la decisión. Y mis vecinas hicieron
lo mismo.

A la escritora le parece "torturante" el momento en
que le revisan el auto, para entrar o salir de un barrio cerrado de la
zona Norte.

-¿Qué pensás encontrar, si acabo de llegar?- encara a
un guardia.

-Es la orden que tengo, señora- le contesta el
uniformado.

Claudia nació en el Gran Buenos Aires cuando los
chicos jugaban en la vereda, iban a la escuela pública y pasaban todo el
día en los potreros.

Luego vio cómo las fábricas cerraban y la
pobreza crecía. Y un día de hace como 20 años, ante el contraste de las
nuevas urbanizaciones y las villas pobres, comenzó a imaginar el country
Altos de la Cascada, con paredones que lo separaban de la barriada
popular Santa María de los Tigrecitos.



En el Tigre real,
el barrio Isla del Sol, habitado por el intendente Sergio Massa, parece
impenetrable. Pero es el que fue asaltado el miércoles 10, cuando
delincuentes tomaron rehenes, protagonizaron un tiroteo y escaparon, sin
llevarse lo que habían ido a buscar.

Un empleado engrasa las
ruedas del portón del acceso, que antes permanecía abierto, pero ahora
no, para evitar intrusiones. Los prefectos de la entrada son amables,
pero avisan que los vecinos no darán entrevistas:

-Aún están
conmocionados.

Bordeamos el perímetro, 40 metros, y nos
encontramos con una sorpresa, quizás una exageración: las alcantarillas
fueron enjauladas con hierro, para que ningún topo pueda penetrar por
allí.



Haydeé Burgueño es una empresaria inmobiliaria que
vive en un country de Pilar. Habla con Clarín mientras hace el trámite
en una garita de otro barrio para llevar a las nietas a una heladería.

-Conozco
a los vigiladores, se levantan a las 5 de la mañana, son gente de
trabajo. Para mí, hay que controlar a los inquilinos.

-¿Por qué
motivo?

-Porque, si sos inquilino, salís a caminar todos los
días, andás en bicicleta por cada rincón del barrio. No vas a robar en
ese momento, pero podés analizar rutinas, comportamientos, fijarte
quiénes dejan la puerta abierta. Siempre aumentan los robos en marzo,
después de los alquileres de enero y febrero. La enorme mayoría de los
inquilinos son honestos, pero quién te dice que alguno no lo sea.

Haydeé
integró la Asociación Damas del Pilar (hoy Amigos del Pilar) junto a
María Marta García Belsunce, asesinada en 2002 en el Carmel Country
Club.

No sólo el Norte bonaerense está complicado, los countries
del Sur también sufren robos y muchos no se denuncian, afirman agentes
inmobiliarios de Quilmes y Berazategui. Los barrios cerrados están ya
por todos lados: ocupan 360 kilómetros cuadrados y siguen en expansión.
Pronto, duplicarán el tamaño de la Ciudad de Buenos Aires, que tiene 200
kilómetros cuadrados.



Uno que viene del sur es el
periodista y dramaturgo José Montero, infaltable en los asados que se
sirven los domingos en barrios privados de Brandsen y Chascomús. José
hace de todo: ganó un concurso de fotografías tomadas con celular,
escribió un libro de terror que se reparte en escuelas porteñas y está
atento a todo lo que puede darle pie a un cuento de misterio, como el
día en que, escondido entre las ramas de los árboles, detectó que había
un guardia privado con una escopeta:

-¿Qué hace usted ahí?-
preguntó, en country ajeno.

-Nada, es por los robos, es un puesto
temporario- contestó el camuflado francotirador.

En 2002,
Montero armó una obra de teatro, auspiciada por Amnesty, que parece
escrita hoy.

En tono de comedia, la obra "Gran Buenos Aires"
plantea que los robos y la actividad de las agencias de seguridad son
parte de una misma rueda. Algunos pasajes:



ESPOSA:
Querido, llegó el resumen de las expensas. Aumentaron la seguridad.

VECINO:
¿Otra vez? Pero.¿Cuánto nos cuesta vivir tranquilos?

ESPOSA: Ay,
querido, eso no tiene precio. Es como la felicidad.



JEFE
DE SEGURIDAD: Hay gente en la villa que se está preparando para entrar
al country.

VECINO: Pero.¿preparando cómo?

JEFE DE
SEGURIDAD: Juntando armas.

VECINO: ¡No!

JEFE DE SEGURIDAD:
¿Ve? Yo quería evitarle la mala sangre.Por eso convocamos a más
hombres.



JEFE DE SEGURIDAD: (al walkie talkie)
Comisario.

COMISARIO: Adelante, lo escucho.

JEFE DE
SEGURIDAD: ¿No me prestaría un par de hombres para quedar bien con el
amigo del country?

COMISARIO: Por supuesto. ¿Algo como la otra
vez?

JEFE DE SEGURIDAD: Sí, pero podríamos aprovechar para hacer
publicidad.

COMISARIO: Puede venderse como un asalto de una
patota muy violenta.

JEFE DE SEGURIDAD: Perfecto, me gusta. Algo
que cause conmoción en la gente.

COMISARIO: Déjelo por mi cuenta,
yo hablo con los periodistas.

JEFE DE SEGURIDAD: Cambio y fuera.
(pausa... tras bajar el walkie talkie, para sí y para el público) Hay
que cuidar el negocio. Y nuestro negocio es el miedo.

FIN.

Fuente: http://www.clarin.com/diario/hoy/um/policiales.html

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